martes, 30 de abril de 2013

Hablando de Polinesia en la radio...



Entrevista sobre la Polinesia en el programa La Maleta Azul de Radio3w de Radio Nacional de España del sábado 27-abr-13.


Si quieres escucharme, ves a..
Radio 3w
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martes, 23 de abril de 2013

Manaus, probablemente la ciudad más fea del mundo



Manaus, Brasil

Un trayecto de casi 3 horas de coche separa el archipiélago de Anavilhanas de la urbe de Manaus, río abajo, desde donde esta tarde sale mi vuelo a Sao Paulo y, desde allí, el regreso a Barcelona. El conductor del transfer nos ofrece "rellenar" la mañana con una visita a la ciudad y una excursión en barco a la confluencia del Río Negro con el Amazonas. Un matrimonio americano y yo aceptamos la propuesta pensando que la ciudad merecía un tour.

Pronto nos percatamos de nuestro error. Normalmente uno espera de un city tour ...pues eso... monumentos y edificios interesantes, pasear por calles y barrios típicos, admirar catedrales, ayuntamientos, plazas, parques, estatuas... Nada de todo eso hay en Manaus, solo edificios y calles caóticas, sin ningún plan urbanístico, casas con las paredes que se caen, millones de cables eléctricos, y grafitties que todo lo embrutecen. Hay, sin embargo, un edificio del que están orgullosos los ciudadanos y que es visita absolutamente obligada (¡cómo no!): es el Teatro Amazonas (o de la ópera), con su techo de Alsacia, muebles de París, mármoles de Carrara, cristales de Murano, y aceros de Inglaterra. Todo un lujo fruto de lo que fue una época próspera.



Manaus, la capital de Amazonia, es hoy una una gran urbe, cuyo radio metropolitano alberga a 2,2 millones de habitantes. En la actualidad pobre y decadente, a principios de siglo XX era una de las ciudades más prósperas del mundo por la denominada Fiebre del Caucho.

La explosiva demanda del látex extraído de ciertos árboles de esta zona para la producción de neumáticos y otros productos derivados de la vulcanización provocó la venida de miles de personas, atrayendo riqueza y cultura.

Manaus fue la primera ciudad de Brasil en disponer de luz eléctrica y alcantarillado. Por sus teatros, palacios y mercados, llegó a ser conocida como el París de los trópicos (cuesta creerlo). Tuvo hasta 15 km de vía de tranvía eléctrico cuando en Boston o Nueva York los tranvías todavía eran tirados por caballos.

Pero eso eran otras épocas. Aparte de explicarnos un poco de historia, se nota en el aire que nuestro guía-conductor no sabe qué más enseñar de una ciudad que realmente no da para un tour turístico. Como punto final nos propone un paseo en barco hasta la confluencia de los dos grandes ríos de este país: el Amazonas con el Río Negro, y palpar con nuestros propios ojos (y manos) lo que allí ocurre.



Resulta que las aguas de esos dos ríos tienen propiedades muy diferentes: las del Río Negro son negras, ácidas, frías, densas y lentas, mientras que las del Amazonas son marrones, neutras, calientes, fluídas y rápidas. Tan marcadas son esas diferencias que las aguas de los dos ríos no se mezclan al encontrarse, sino que prosiguen río abajo durante 6 km, "juntas pero no revueltas". Ello constituye lo que seguramente es la principal atracción turística de la ciudad. 


Bueno, algo es algo.

jueves, 18 de abril de 2013

Piranhas!



Anavilhanas, Amazonia, Brasil

João nos lleva esta mañana a pescar pirañas en un remanso del Río Negro. Me pica la curiosidad por ver esos terribles pececillos devoradores de hombres que descubrí en las aventuras de Tintín cuando era pequeño. 


La pequeña embarcación nos espera en el embarcadero del lodge.



Remontamos las aguas río arriba y al cabo de un rato Jo
ão para el motor y nos da las cañas...bueno, un palo con un hilo y un anzuelo colgado del final. Un poco de carnaza y a pescar. Las picadas no tardan en llegar, pero que la presa se aferre al anzuelo, eso ya es otro cantar. Parecen expertas en arrancar la carne del anzuelo sin engancharse. De repente llega la primera: un pececillo de no más de 15 cm, aparentemente inofensivo. Hasta que João nos muestra su afilada dentadura.




Contrariamente a lo que se cree, las pirañas raramente atacan al ser humano. Es más, aquí y en toda Sudamérica, la gente se baña tranquilamente en ríos plagados de ellas. Solo en algunos casos muy excepcionales y solo una determinada variedad de piraña, la de vientre rojo, se registran ataques masivos. Como el de 2011 en el estado de Piauí, donde más de 100 personas sufrieron mordeduras, o el de la ciudad de Palmas, en 2007, con 190 ataques en 6 meses. Así que, cada uno haga lo que quiera en eso de bañarse por aquí...

Una vez observada y fotografiada, Jo
ão devuelve el monstruito a las mansas y tranquilas aguas del Río Negro, en una acción conservacionista ejemplar.

Mientras que a pesar de todo unos insisten en pegarse un baño, otros más responsables preferimos un tranquilo paseo a remo en una de las embarcaciones locales...y es que tampoco hay una necesidad irresistible de meterse en un río plagado de hambrientos y dentados pececillos.

lunes, 8 de abril de 2013

Birdwatching en Rio Negro



Anavilhanas, Amazonia, Brasil

El Río Negro, principal afluente del Amazonas, es un lugar maravilloso por su belleza pasiajística, sus aguas calmadas y sus atardeceres de cine. La principal característica del río es el color oscuro del agua (recuerda a la de un té fuerte), causado por la elevada variedad y cantidad de compuestos que contiene, tales como la cafeína, los taninos y los fenoles, procedentes de la descomposición de la vegetación inundada. Todo ello contribuye a un agua espesa, ácida (pH 4,5) y mucho más densa que la de los otros ríos, y la consecuente ausencia (por cierto, muy agradecida) de mosquitos y otros insectos acuáticos. Este gap en el principio de la cadena trófica, sin embargo, tiene otro efecto: poca fauna. Tal es así que durante el día en plena jungla apenas se oye nada, ni un pajarillo, ni una cigarra, solo un eterno silencio.

Esta mañana el bueno de Matusalén nos lleva con su barca a ver la salida del sol en un lago fluvial. Son las 5 de la madrugada y en el embarcadero del lodge se aprecian las primeras luces.



Como si viera en la oscuridad, Matusalén se dirige a toda velocidad hacia un punto determinado de la otra orilla del río. Allí, milagrosamente, hay un pequeño surco en la vegetación espesa que atravesamos lentamente para aparecer al cabo de poco en un inmenso “lago”. Después de falcar la barca entre la vegetación flotante y, una vez disipadas las ondas que hemos producido, el lago se transforma en un grandioso y perfecto espejo rosado, donde todos los detalles del cielo quedan fielmente reproducidos en su superficie. La elevada densidad de estas aguas contribuye todavía más a la sensación de “balsa de aceite”.



Una vez que el sol ha salido de entre las nubes del horizonte, Matusalen para el motor y se pone a remar silenciosamente por entre el igapó o bosque inundado.



Así comienza nuestra visita ornitológica que, como era de esperar, resulta más bien poco fructuosa. Aún así, vemos algún que otro gavilán, tucán, papagayo, garza...






A la vuelta, el agua sigue mansa y la canoa se desliza sobre ella sin apenas balancearse.

jueves, 4 de abril de 2013

Encuentro con el delfín rosado del Amazonas




Anavilhanas, Amazonia, Brasil

Desde noviembre hasta el 28 de junio, el nivel del agua de Río Negro sube hasta 15 metros, según el año. La escalera del embarcadero del lodge indica la altura máxima que el agua ha alcanzado en los últimos años.



En estos momentos (principios del mes de abril) el río está creciendo. Veremos hasta donde llega y si va a superar el nivel máximo de 2012 (último escalón). La gente de aquí espera que no sea así porque ello ocasiona grandes problemas en las casas.

Hoy la canoa nos conduce río abajo, hacia la población de Novo Airão. Desde hace unos años, Marilda, la señora del restaurante del muelle, comenzó a dar de comer a los delfines rosados (aquí denominados botos) ayudándoles a su dieta natural y atrayendo de esa manera la clientela.




Se trata del delfín rosado (Inia geoffrensis), cuyo último censo apunta hacia una población estable y saludable de 300.000 individuos en toda la cuenca. Es uno de los pocos delfines de agua dulce del planeta. Al restaurante acuden diariamente una veintena de ellos, que la hija de la señora, Monique, reconoce individualmente, uno a uno. Aparentemente uno de ellos no fue muy gentil hace unos años, como ella misma nos indica señalando le mordisco que le propinó su “amigo”.



Como no podía ser de otra manera, el agua del Río Negro es de color negro. Contiene una gran concentración de materia orgánica en suspensión que la hace altamente opaca. Además su pH es muy ácido, de 4,8 con lo que las criaturas que habitan sus aguas han debido adaptarse a esas condiciones con el paso de los eones. Por suerte el mosquito no lo hizo con lo que toda esta área está libre de ellos (algo que se agradece profundamente). El delfín, en cambio, sí se adaptó y lo hizo cambiando la vista por la ecolocación (sónar), puesto que en estas aguas uno no alcanza a verse ni la mano. Así que el delfín fue perdiendo la vista y hoy sus ojos son rudimentarios.



Es muy curioso que allí donde vayas, el delfín es un animal que despierta una reacción de simpatía y protección en el ser humano ¿Por qué? Creo que la evolución casualmente le proporcionó una cara que nosotros reconocemos como “simpática”, a diferencia de la expresión “altiva” del camello, o el aspecto “inteligente” del águila. Puras casualidades que nada tienen que ver con el carácter del animal en cuestión, como señalaba en sus libros el gran sabio Konrad Lorenz.

miércoles, 3 de abril de 2013

Archipiélago de Anavilhanas, Amazonia




Anavilhanas, Amazonia, Brasil


(Antesdeayer me comunicaron por mail la triste noticia del fallecimiento de mi amigo el fotógrafo Paco Elvira del que aprendí muchas cosas. Este post va dedicado a ti, Paco)


No todas las islas de este mundo se encuentran en el mar. Algunas se hallan en los lugares más insospechados, como este grupo de 400 islotes, de nombre Anavilhanas, ubicado en pleno Río Negro, 200 km al oeste de Manaus, Brasil.


Anavilhanas es simplemente una de esas escasas y espléndidas joyas de nuestro planeta que permanecen perfectamente preservadas, gracias al gobierno brasileño que lo declaró Parque Nacional. Con 90 km de largo y 20 km de ancho, es el archipiélago de agua dulce más extenso del planeta.



Me hospedo en al Anavilhanas Jungle Lodge, un eco-hotel situado en la jungla a orillas del Río Negro. Llegué ayer procedente de Salvador de Bahía (por cierto, otra joya de la que os hablaré un día “aunque no sea una isla”), y tras una comida rápida me he apuntado al paseo en barca “de reconocimiento” de la zona que ofrece el lodge. Cristiano, el simpático guía de Guiana (es la primera persona que conozco de ese país) nos ha dirigido río arriba con su canoa, adentrándonos en los entresijos de esa maraña de islas rebosantes de vegetación emergente de un agua que, durante medio año, todo lo inunda. No tengo palabras para describir lo que he visto...pero sí alguna foto.






La sensación de grandiosidad y aislamiento ha sido máxima. Por suerte, este es un lugar apartado de toda actividad turística y no hemos oído ni visto un alma en todo el trayecto, sólo un sorprendente y extenso silencio.